
En las noches cuando entro a mi habitación me desgano. Recuerdo las pláticas vacías que tuve durante el día. Las sonrisas falsas que recibí. Los insultos que gané y la demás pobrería de este mundo.
Y cuando miro mi cama me siento solo. Veo por la ventana y me imagino que hay muchos mas como yo que entran a su habitación con un triste sentimiento en el pecho y completamente solos. Me convenzo una vez más que el mundo apesta. Y demasiado. No por la basura que enterramos bajo suelo o quemamos. No apesta por todos esos deshechos que arrojamos diario al mar o por el maldito vaso lleno de fruta podrida que queda olvidada en algún lugar de la ciudad. Apesta a gente hipócrita que llega a sus casas e ignora todo esto. Resuelve algunas cosas tales como cenar frente a la televisión o juntar papeles. También podrían pasarse la noche hablando en familia o con algún amigo. Cojiendo como viles cerdos es una opción. Pero al estar frente a su cama saben que el mundo va mal y lo olvidan. Prefieren dormir en donde los sueños son más seguros y levantarse como si nada hubiese pasado. Y es verdad… realmente nada ha pasado.
Aquí es el infierno mismo donde cada quien vive como puede sin preocuparse por los demás. La gente muere. Unos odian. Otros más lloran o ríen ilusamente. Detesto mi vida. No me lleva a ninguna parte. Solo a contemplar mi cama y sentirme solo, rezando por desaparecer, pero a la vez temiendo por mi apagada vida. Lo demás ya no me importa. Nunca me ha importado y eso también lo detesto.
La madrugada es todavía más aterradora. Mi inconsciente tiene la mala maña de despertarme justo cuando estoy en el mejor de los momentos. En donde no me doy cuenta de nada. No se que estoy vivo. Mis ojos se abren por instinto y lo primero que veo es el techo y enfrente de mí la televisión apagada.
El silencio es desesperante. Dos o tres perros ladrando a lo lejos seguramente pasando frío y algunas personas en otros departamentos negándose a dormir y soñar para continuar en la realidad.
Ahí acostado cubierto por una cálida sábana y pensando en las peores cosas. No tengo dinero. Tengo deudas. Esperando a que el tiempo pase y se resuelva todo. Añorando mi pasado en donde nada era preocupante. Ahora solo rezo a Dios por librar un día más. Por esperar que resulte mi vida de manera tranquila. No quiero perder lo poco que tengo. Por favor.
El miedo me invade y eso también me aterra. En cualquier momento podría pasar cualquier situación que me alarme. Podría estar más jodido de lo que estoy ahora. La enferma idea de morir ahí tendido en una cama y con sobrepesos en la vida es realmente perversa. Ya ni se porque estoy ahí acostado. No se ni siquiera si merezco estar bajo un techo ocultándome del frío de la madrugada. Hay más gente que sufre en peores circunstancias y podrían disfrutar mi cómoda posición. ¿Por qué estamos aquí?
Me levanto y miro por la ventana. La mayoría de la ciudad duerme tranquilamente esperando el siguiente día para trabajar, estudiar, sonreír y llorar. Yo lo hago para odiar. Ansío que esto no termine. No quiero despertar. ¿Por qué estamos aquí?
Superado los peligros de las noches largas me levanto y observo el panorama. La mañana es distinta a la oscuridad de horas antes. La luz natural entra a la habitación y me doy cuenta que sobreviví. ¡Sobreviví! Aún no es hora de abandonarme y morir. Debo levantarme y salir al mundo a observar reír y llorar a la gente. Me asomo por la ventana y nada ha cambiado. Oh que gran felicidad. Un día más para demostrar que el mundo no es tan jodido como aparenta. La oportunidad de mejorar nuevamente y dar una pequeña parte de lo que el mundo me dio a mí. Ilusos ustedes. Iluso yo. En la noche se repetirá mi vacío sentimiento en el pecho.
Y cuando miro mi cama me siento solo. Veo por la ventana y me imagino que hay muchos mas como yo que entran a su habitación con un triste sentimiento en el pecho y completamente solos. Me convenzo una vez más que el mundo apesta. Y demasiado. No por la basura que enterramos bajo suelo o quemamos. No apesta por todos esos deshechos que arrojamos diario al mar o por el maldito vaso lleno de fruta podrida que queda olvidada en algún lugar de la ciudad. Apesta a gente hipócrita que llega a sus casas e ignora todo esto. Resuelve algunas cosas tales como cenar frente a la televisión o juntar papeles. También podrían pasarse la noche hablando en familia o con algún amigo. Cojiendo como viles cerdos es una opción. Pero al estar frente a su cama saben que el mundo va mal y lo olvidan. Prefieren dormir en donde los sueños son más seguros y levantarse como si nada hubiese pasado. Y es verdad… realmente nada ha pasado.
Aquí es el infierno mismo donde cada quien vive como puede sin preocuparse por los demás. La gente muere. Unos odian. Otros más lloran o ríen ilusamente. Detesto mi vida. No me lleva a ninguna parte. Solo a contemplar mi cama y sentirme solo, rezando por desaparecer, pero a la vez temiendo por mi apagada vida. Lo demás ya no me importa. Nunca me ha importado y eso también lo detesto.
La madrugada es todavía más aterradora. Mi inconsciente tiene la mala maña de despertarme justo cuando estoy en el mejor de los momentos. En donde no me doy cuenta de nada. No se que estoy vivo. Mis ojos se abren por instinto y lo primero que veo es el techo y enfrente de mí la televisión apagada.
El silencio es desesperante. Dos o tres perros ladrando a lo lejos seguramente pasando frío y algunas personas en otros departamentos negándose a dormir y soñar para continuar en la realidad.
Ahí acostado cubierto por una cálida sábana y pensando en las peores cosas. No tengo dinero. Tengo deudas. Esperando a que el tiempo pase y se resuelva todo. Añorando mi pasado en donde nada era preocupante. Ahora solo rezo a Dios por librar un día más. Por esperar que resulte mi vida de manera tranquila. No quiero perder lo poco que tengo. Por favor.
El miedo me invade y eso también me aterra. En cualquier momento podría pasar cualquier situación que me alarme. Podría estar más jodido de lo que estoy ahora. La enferma idea de morir ahí tendido en una cama y con sobrepesos en la vida es realmente perversa. Ya ni se porque estoy ahí acostado. No se ni siquiera si merezco estar bajo un techo ocultándome del frío de la madrugada. Hay más gente que sufre en peores circunstancias y podrían disfrutar mi cómoda posición. ¿Por qué estamos aquí?
Me levanto y miro por la ventana. La mayoría de la ciudad duerme tranquilamente esperando el siguiente día para trabajar, estudiar, sonreír y llorar. Yo lo hago para odiar. Ansío que esto no termine. No quiero despertar. ¿Por qué estamos aquí?
Superado los peligros de las noches largas me levanto y observo el panorama. La mañana es distinta a la oscuridad de horas antes. La luz natural entra a la habitación y me doy cuenta que sobreviví. ¡Sobreviví! Aún no es hora de abandonarme y morir. Debo levantarme y salir al mundo a observar reír y llorar a la gente. Me asomo por la ventana y nada ha cambiado. Oh que gran felicidad. Un día más para demostrar que el mundo no es tan jodido como aparenta. La oportunidad de mejorar nuevamente y dar una pequeña parte de lo que el mundo me dio a mí. Ilusos ustedes. Iluso yo. En la noche se repetirá mi vacío sentimiento en el pecho.


