13/12/10

La pequeña alma y el sol

La enfermedad del cáncer me ha tocado verla de cerca en 3 queridas mujeres muy cercanas. La última fue mi madre. Duele. Es impactante. "Te come vivo" expresó una persona. Es terriblemente maligna y por eso no la odio, al contrario, la respeto... y mucho.

Hace una semana mi mamá falleció víctima de esta enfermedad. Luchó durante varios años.y hasta el final, en su último suspiro no se rindió. Yo no lo considero una pelea perdida; su vida hizo una diferencia en las personas que la rodearon, por lo cual no se necesitó de más tiempo.

No escribiré sobre la enfermedad ni sobre mis preguntas sin respuesta como: ¿Por qué le tuvo que tocar a ella y no a una persona que roba, asesina o simplemente viene al mundo a dejarlo peor de cómo lo encontró? La factura de cada uno de nosotros se cobrará en su momento.

Dejo este cuento que mi hermano le leyó a mi mamá pocos días antes de partir de aquí. Entre las líneas están las palabras que la tranquilizaron en su momento y cuando yo lo leí también encontré una pizca de tranquilidad que me hace sentir que ella está bien y que nos volveremos a ver.

No es resignación, es __________.

Había una vez una pequeña alma que dijo a dios:

-¡Ya sé quien soy!

Y Dios le contestó:

-¡Maravilloso! ¿Quién eres?

La pequeña alma contesto a toda voz.

-¡Soy la luz!

Dios sonrió ampliamente:

-Así es -exclamó-. Tú eres la Luz.

La pequeña alma estaba feliz, porque había comprendido lo que todas las almas del reino trataban de entender.

-¡Hurra! ¡Ésto es fantástico!

Pero poco después ya no le bastó con saber quién era. Sentía cierta inquietud en su interior, porque quería ser lo qué era. Así, la pequeña alma volvió a hablar con Dios (lo cual no es mala idea para todas las almas que quieren ser Quienes Son realmente), para comunicarle sus ideas:

-¡Hola, Dios! Ahora que ya sé quien soy, ¿es bueno serlo?

Dios respondió:

-¿Quieres decir que deseas ser Quien Ya Eres?

-Pues… verás. Una cosa es saber Quién soy, y otra muy distinta es serlo realmente. Quiero sentir cómo es ser la luz.

-Pero si ya eres la luz -repitió Dios, sonriendo otra vez.

-¡Sí, pero quiero saber cómo se siente serlo! -exclamó la pequeña alma.

Creo que debí imaginármelo -repuso Dios, riendo-, Tú siempre has sido la más aventurera —y, tras un instante, la expresión de Dios cambió-. Pero hay una cuestión…

-¿Qué es?- preguntó la almita.

-Que no existe otra cosa además de la luz. No creé otra cosa que lo que tú misma eres. Así, no hay un modo sencillo para que experimentes Quién eres, puesto que no hay nada que no seas.

-¿Cómo? -repuso la Pequeña Alma inocente, estaba un poco confundida.

-Piénsalo de este modo. Eres como una vela en el sol. Ya estas allá, junto con millones y millones de otras velas que forman el sol. Y el sol no podría serlo sin ti, porque le faltaría una de sus velas, y así no podría brillar tanto. Pero saber qué eres la luz estando dentro de la luz… ese es el problema.

-Tú eres Dios, ¡ya se te ocurrirá algo!

Dios volvió a sonreír:

-Ya pensé en algo. Puesto que no puedes sentirte la Luz al estar en ella, te rodeare de oscuridad.

-¿Qué es la oscuridad?

-Es aquello que tú no eres.

-¿Tendré miedo de la oscuridad? -gimió la almita.

-Sólo si así lo quieres -respondió Dios-. A decir verdad, no hay nada que temer, a menos que así lo decidas. Nosotros inventamos todo eso. Fingimos.

-¡Ah! -exclamó la pequeña alma, que ya se estaba sintiendo mejor.

Entonces Dios explicó que, para poder experimentar cualquier cosa, se requiere de su opuesto.

-Ese es un gran don, porque sin él no podrías conocer cómo es todo lo demás. No podrías saber qué es lo Caliente sin lo frió, el Arriba sin el Abajo, lo Rápido sin lo lento. No podrías saber qué es la izquierda sin la derecha, el Acá sin el Allá, el Ahora sin el Después.

Y así -concluyó Dios-, al verte envuelta en la oscuridad, no cierres el puño ni alces la voz para maldecirla. Más bien, sé Luz entre las tinieblas, y no te enojes por ello. De ese modo sabrás Quién Eres Realmente, y también los demás, lo sabrán. Permite que tu luz brille para que todos sepan que eres alguien muy especial.

-¿Quieres decir que está bien que los demás sepan que soy alguien muy especial?- inquirió la Pequeña Alma.

-¡Por supuesto!-rió Dios-. ¡Está muy bien! Pero recuerda que “especial” no quiere decir “mejor”. ¡Todos son especiales, cada uno a su modo! Pero hay muchos que no lo recuerdan. Entenderán que está bien que sean especiales sólo cuando tu mismo sepas que esta bien ser especial.

-¡Fantástico! -exclamó la almita, quien bailaba, reía y daba saltos de felicidad-. ¡Puedo ser todo lo especial que quiera!

-Sí, y puedes serlo a partir de ahora mismo- agregó Dios, quien bailaba y saltaba y reía con la pequeña Alma-. ¿Qué parte de lo especial quieres ser?

-¿Qué parte de lo especial? No te entiendo. -Verás…- le explicó Dios- ser la Luz es ser especial, y eso está hecho de muchas partes. Ser generoso es ser especial. Ser amable es ser especial. Ser creativo es ser especial. Ser paciente es ser especial. ¿Se te ocurren otros modos de ser especial? La pequeña Alma quedó en silencio por un instante:

-¡Se me ocurren muchas formas de ser especial!- Exclamó luego.- Es especial ayudar a los demás. Es especial compartir. Y ser amistoso también es ser especial. ¡Ser considerado con los demás es ser especial!

-¡Así es!- concordó Dios-. Y tú puedes ser todas esas cosas, o cualquier otra parte de lo especial que desees ser, en cualquier momento. Eso significa ser la Luz.

-¡Ya se lo que quiero ser!- anunció la Pequeña Alma, muy emocionada-. Quiero ser la parte de lo especial llamada “perdonar”. ¿No es especial perdonar?

-Oh, sí- aseguró Dios-. Eso es muy especial.

-Entonces, eso quiero ser. Quiero perdonar. Quiero experimentarme a mi misma de ese modo.

-Bien- dijo Dios-. Pero hay algo que debes saber. La Pequeña Alma comenzaba a impacientarse. Parecía que siempre había complicaciones.

-¿De qué se trata?- suspiró.

-No hay nadie a quien perdonar.

-¿Nadie?- la Pequeña Alma apenas podía creer lo que estaba oyendo.

-¡Nadie!- repitió Dios. Todo cuanto hice es perfecto. No hay una sola alma en toda la creación que sea menos perfecta que tú. Mira a tu alrededor.

Entonces la Pequeña Alma se dio cuenta de que se había reunido una gran multitud. De todo largo y ancho, de todos los rincones del Reino, habían venido almas, porque se había corrido la voz de que la Pequeña Alma sostenía una extraordinaria conversación con Dios, y todos querían oír lo que decían.

Viendo a las incontables almas reunidas, la almita tuvo que coincidir: nadie parecía ser menos maravilloso, menos magnifico o menos perfecto que ella misma. Tal era el esplendor de las almas reunidas y tan brillante era su Luz, que la Pequeña Alma apenas podía sostener su mirada.

-¿A quién perdonar entonces?- preguntó Dios.

-¡Oh, creo que ésto será muy aburrido!- Gruñó la almita-. Quería experimentarme como El Que Perdona. Quería saber cómo es esa parte de lo especial. Y, así, supo cómo es estar triste.

Pero entonces un Alma amistosa salió de entre la multitud:

-No te preocupes Pequeña -le dijo-. Yo te ayudare.

-¿De verdad? -replicó, con el rostro iluminado-. ¿Pero qué puedes hacer?

-Puedo darte a alguien para que lo perdones.

-¿Puedes?

-¡Desde luego! -canturreó el Alma amistosa-. Puedo ir a tu siguiente vida y hacer algo para que lo perdones.

-Pero… ¿Por qué habrías de hacerlo? -preguntó la Pequeña Alma-. ¡Tú que eres un Ser de tan absoluta perfección! ¡Tú que vibras con gran rapidez creando una luz tan brillante que apenas puedo verla! ¿Qué podría hacer que frenaras tu vibración hasta que tu luz se hiciera oscura y densa? ¿Qué podrías hacer tú, que eres tan ligera como para bailar en las estrellas y desplazarte por el Reino a la velocidad del pensamiento, entraras a mi vida y te volvieras pesada como para hacer una cosa tan mala?

-Es muy fácil -repuso el Alma Amistosa-. Lo haría porque te amo.

A la Pequeña Alma le sorprendió la respuesta.

-No te asombres- le dijo el Alma Amistosa-. Tú hiciste lo mismo por mí. ¿No lo recuerdas? Hemos bailado juntas muchas veces, por eones y eras. Durante todos los tiempos y en muchos lugares hemos jugado juntas. Simplemente no lo recuerdas. Ambas hemos sido todas las cosas. Ya fuimos el Arriba y el Abajo, la Izquierda y la Derecha. Fuimos el Acá y el Allá, el Ahora y el Después, Fuimos lo Masculino y lo Femenino, lo Bueno y lo Malo. Tu y yo Fuimos la victima y el villano. Así, nos hemos reunido muchas veces, la una dando a la otra la oportunidad exacta y perfecta para expresar y experimentar Quienes Somos Realmente.”

“De ese modo -añadió el Alma Amistosa-, llegaré a tu próxima vida y seré el “malo”. Haré algo realmente terrible, y entonces podrás experimentarte como El Que Perdona.

-¿Que harás?- preguntó la Pequeña Alma, un poco nerviosa-. ¿Qué puede ser tan terrible?

-Oh, ya pensaremos en algo -replicó el Alma amistosa, con un guiño. Segundos después, pareció tornarse muy seria y murmuró:

-Tienes razón en algo.

-¿En qué? -quiso saber la almita.

-Tendré que frenar mi vibración y hacerme muy pesada para hacer ese algo no tan bueno, fingiré que soy alguien muy distinto a quien realmente soy. Por eso te pediré un favor a cambio.

-¡Sí, lo que quieras! -exclamó la Pequeña Alma y comenzó a cantar y bailar- ¡Podré perdonar, podré perdonar!

Pero notó que el Alma Amistosa seguía muy callada.

-¿Qué quieres? -le preguntó-. ¿Que puedo hacer por ti? ¡Eres todo un ángel por estar dispuesta a hacer tal cosa por mí!

-¡Claro que el Alma Amistosa es un ángel! -interrumpió Dios- ¡Todos lo son! Siempre recuerda eso, que solo ángeles envío.

Y así, la Pequeña Alma quiso más que nunca satisfacer la petición del Alma amistosa:

-¿Qué puedo hacer por ti? -volvió a preguntar.

-En el momento que te golpee y te despedace -repuso el Alma Amistosa-, cuando te hago lo peor que pudieras imaginarte, en ese mismo instante…

-¿Qué? -interrumpió la Pequeña Alma-. ¿Qué…?

El Alma amistosa estaba aún más seria:

-Recuerda quién soy realmente.

-¡Sí, así será! -exclamó el Alma Inocente-. ¡Te lo prometo! Siempre te recordaré tal y cómo te veo aquí y ahora.

-Muy bien -repuso el Alma Amistosa-, porque pondré tanto empeño en fingir, que olvidaré quién soy. Y si tú no me recuerdas cómo soy realmente, no podré acordarme durante mucho tiempo. Y si olvido quién soy, incluso tú olvidaras Quién Eres, y las dos estaremos perdidas. Entonces necesitaremos que venga otra alma para que nos recuerde a Ambas Quienes Somos.

-¡No, no será así! -prometió otra vez la Pequeña alma-. ¡Te recordaré! Y te agradeceré por darme ese don, la oportunidad de experimentarme como Quien Soy.

Así acordaron, y La Pequeña Alma fue hacia una nueva vida, emocionada por ser la Luz, que era muy especial, y por ser esa parte de lo especial que se llama Perdonar.

Y esperó ansiosamente poder experimentarse como Perdón y agradecer lo que hiciera la otra alma para que fuera posible.

En todo momento de esta vida, cada vez que apareció en escena una nueva alma, ya fuera que trajese felicidad o pesar (y especialmente si traía pesar), la Pequeña Alma pensó en lo que Dios le dijo.

“Siempre recuerda que no envío mas que ángeles”.

Neale Donald Walsch

22/11/10

¿Te acuerdas de mí?

En literatura se puede ser todo, incluso asesino como François Villon, pero no ingenuo


Me lo pasó una amiga y me recordó algo leído por ahí: Las historias no son una huida de la realidad sino un vehículo que nos transporta en nuestra búsqueda de la realidad, nuestro mejor aliado para dar sentido a la anarquía de la existencia.
Enjoy it!

¿Te acuerdas de mí?

Hace tanto que no te veo; hace tanto que no te escribo y sin embargo ni un solo día has dejado de estar en mi mente.

¿Qué tal va todo? ¿Y el amor?

Perdona mi falta de educación, deja presentarme: mi nombre es Karen Denise. Perdona si insisto, ¿me recuerdas?, soy aquella desconocida de internet que por alguna razón hablaba contigo en las noches; a la que decidiste llamar y te encantó su voz; la que no tenía tiempo de recordar tu nombre; soy la chica de la tienda de helados; la de la sonrisa encantadora y voz amable, ¿aún te parezco extraña? Quiero pensar que es mi figura. Ciertamente ha cambiado algo; mis ojos perdieron brillo y mi sonrisa se apagó desde… desde octubre de 2010.

¿Cómo has estado?, ¿Por qué tan callado?

Antes no parabas de hablar. Seguro aún no me recuerdas, soy aquella con la que fuiste al cine el 24 de julio de 2009. A la que pediste que fuera tu novia, la misma que te preguntó si creías que funcionaría y a la que le dijiste: “podemos hacer que funcione”.

Soy la mujer que comenzó a quererte rápidamente, y que para noviembre ya te amaba; soy esa que tenía miedo de decírtelo y cobardemente esperó a que tú lo dijeras. ¿Puedo hablarte de tú?, ¿puedo seguir con mi historia?... soy a quien no dejaste sola en diciembre, el mes que más me aterra, y Navidad, la fecha que menos disfruto. A mi fue a quién regalaste ese anillo tan especial, con la instrucción de devolverlo si se agotaba el amor; ojalá aún lo tuviera, sería prueba de lo que digo. Perdona si te parezco inoportuna, sólo quería platicar, te pareces tanto a él.

De mirada firme, la pupila enmarcada por un aro de luz, sonrisa seductora, brazos y piernas fuertes, labios deliciosos.

¡Febrero siete! Sherlock Holmes, palomitas, una cena, ¿no recuerdas tu cumpleaños?, soy la mujer que besabas durante la función. La que no soltó tu mano. Y hablando de cumpleaños, soy la que cumple el 27 de abril, tampoco te dice algo esa fecha ¿cierto?, bueno, si me permites continuaré.

Soy la necia berrinchuda que lloraba por todo. A la que siempre aconsejabas que pensara mejor las cosas, que no fuera tonta; a la que le limpiabas las lágrimas, besabas tiernamente y abrazabas durante lagos ratos hasta verla sonreír. Soy aquella a la que enseñaste a comer sin inhibiciones, a la que comprabas hamburguesas, tacos, garnachas; soy la que nunca quería engordar pero siempre convencías de comer. Subí algunos kilos al estar junto a ti.

¿Tienes algo? Te noto un poco incómodo, ¿te duele algo?, bien, continúo. Soy la celosa con la que sostuviste varias peleas que terminaron siempre con un “te amo”. Soy con la que hablabas por teléfono todo el día sin importar algo; soy esa voz que te provocaba miles de sensaciones.

Soy esa con la que hiciste el amor tantas veces, de tantas formas, en tantos lugares. A la que brindaste y con la que conociste nuevas sensaciones, con la que descubriste un nuevo paraíso para ambos.

Quisiera recordar, pero señorita, ha olvidado usted algo, soy experto en olvidar.

No lo he olvidado y aún no termino, es usted, digo, tú, quien es experto en olvidar y soy yo la que vive llorando por no poder hacerlo. Soy a la que considerabas más fuerte que tú. Soy a la que contaste aquel secreto que nadie o pocos saben; soy quien más quería ayudarte.

Soy también quién quiso en todo momento hacerte soñar y creer en el amor; soy esa persona que no dejaba de preguntarse por el futuro, quien no se imaginaba uno sin ti.

¿Recuerdas quién eres tú?, no me mires de ese modo, es sólo una pregunta. Eres a quien yo admiré más y quien me enamoró completamente; eres quien me cocinaba en días especiales, quien estaba en mi casa los fines de semana y se iba tarde en la madrugada por estar unos minutos más conmigo. Soy a quien besabas incansablemente, a veces tierno, a veces apasionado.

Eres el que me dio flores, quien me enseñó con unos simples papeles y una pluma de tinta invisible a que el amor no siempre se puede ver; eres aquel que robó mis sonrisas y mis lágrimas. Eres con quien discutía de temas tan distintos como autores, teorías, cine, música, banalidades, pensamientos profundos. Eres quien me enseñó a vivir, quien me enseñó cómo es el amor.

¿Recordaste quién eres?

No.

Debí suponerlo, la verdad es que mi historia es un cuento de hadas, deja presentarme mejor. Soy quien se ponía celosa y te reclamaba por tus amigas y quien quería golpear a una de ellas… en realidad a todas las que pudiera; soy la que no recordaba cuánto la amabas si no se lo decías a menudo. Soy quien lloró porque no tenías mucho tiempo o porque simplemente querías pasarlo de forma diferente.

Soy quien discutía cuando pensabas que todo estaba bien. La que incluso lloró porque te ibas antes, porque no contestabas sus mensajes, porque llamabas “amor” a una de tus amigas. La que se mostraba insegura la mayor parte del tiempo, la que no quería que tuvieras una relación con tu ex novia. Soy yo la que te pidió dos semanas para pensar lo que realmente quería, soy la que te golpeó en la cara; el golpe que más te dolió después de uno de tu madre.

Soy con quien hiciste el amor después de llorar y prometer que todo estaría bien, que nos arriesgaríamos; soy a quien viste en una fotografía que decía más de lo que en realidad había sido. Soy quien perdió tu confianza y tu amor, quien no te entregó aquel anillo tan especial. Soy la que robó el carro de sus padres en la madrugada para ir a tu casa y rogar que no te fueras; soy la que lloró como un bebé frente a ti; soy la que te besaba mientras no movías un músculo más que los labios para evitar que la saliva llenara tu rostro.

Soy… soy la que siguió rogando, soy aquella que abandonó tu casa en un mar de lágrimas y derrotada; la que sin ser hábil para manejar un automóvil corrió a más de 120 kilómetros por hora, la que pensó no detenerse en la curva, no mover el volante. Soy la que te lloró las siguientes semanas, los siguientes meses, la que te buscaba y a quien tratabas con indiferencia, soy…

¡No sigas! Recordé por qué decidí olvidarte…

No quise lastimarte, ¿ahora recuerdas quién eras? El amor de mi vida, aún lo eres…

El que me prometió estar siempre conmigo. El amor que me valió tantas noches sin dormir, tantos corajes, incluso humillaciones. ¿Recuerdas que en ocasiones diste preferencia a tus amigas? a las más cercanas asegurabas amarlas y les llamabas como a mi: “amor”. Eres esa persona de gran corazón que cuando te necesitaban, yo no importaba, ni siquiera la distancia. Soy la que trabajaba muy lejos, por eso no ibas por mí, pero tu eras el mejor amigo que cruzaba la ciudad para ver a alguien. Eres a quien le importó más que tu querida amiga comiera, aunque yo no hubiera desayunado. Eres quien me levantó del piso tomándome del cuello, quien sangró su puño al golpear mi pared, eres quien me gritó, eres tú esa persona que al verme llorar no hizo nada, incluso pensé que lo disfrutabas; eres el que me miró y sin titubear, sin aceptar explicaciones, sin derramar una sola lágrima, destruyó mis ilusiones, quien trituró mi corazón excusando que yo había hecho lo mismo. Eres quien no quiso aventurase a olvidarlo todo a mi lado, quien no quiso aceptar que yo también cometo errores y que aquel error lo cometí cuando no estábamos juntos... eres quien no pudo perdonarme…

Lo siento, ahora soy yo quien no quiere seguir, recuerdo y no puedo entender cómo describo a alguien que nunca conocí. Alguien tan malvado que cualquiera odiaría y sin embargo sigo amándote, sigo con ganas de permanecer a tu lado, sigo queriendo ser tu historia, no una más que decidiste dejar atrás.

Lo siento.

Yo también, me tengo que ir.

Tal vez algún día conversemos de nuevo. Tal vez algún día pueda enamorarte de nuevo.

No lo creo.

Te vendo un sueño. Compro tu realidad. No está a la venta.


07/11/10

La chica suicida

Se hacía tarde para ir a casa y aún faltaban unas cuántas calles para llegar. En la oscuridad me da más miedo que me asalten y por eso miro para todos lados. Fue ahí que me distraje por un momento y vi una sombra que estaba en la orilla de un puente. Me detuve y comencé a caminar hacía ese lugar.

Al estar a pocos metros vi que la silueta de una joven chica que lloriqueaba. Vestía unos converse muy sucios y un pantalón entubado; una blusa a rayas negras y rosas y todo su cabello le tapaba el rostro. Me acerqué sin hacer ruido y la escena me pareció interesante.

La chica parecía estar maldiciendo algo entre dientes y se sostenía fuertemente del barandal del puente. Miraba hacía abajo, en donde unos ocho metros separaban su frágil figura de una trágica pero también graciosa y cuestionable muerte.

Estuve observándola ahí largo rato hasta que pensé en retirarme e irme a mi casa a escuchar mis discos de David Bowie y Queen, pero la chica pensó en la estupidez más grande y se alzó sobre el barandal para saltar.

Solté un pequeño grito de exclamación (admito que me asusté). La chica volteó a verme con una lágrima que se deslizaba por su mejilla y nuevamente miró al vacío.

-Vete. Interrumpes mi suicidio- dijo con voz entrecortada.

¡Bien! Una virgen suicida como en la peli de Sofia Coppola pensé.

-¿Te cae que te vas a suicidar?- pregunté burlonamente.

-¡Ash!- exclamó la chica al mismo tiempo que negaba con la cabeza.

Quedamos en silencio durante un breve instante. Decidí romper esa incomodidad y di unos pasos hacía ella. Aún estaba un poco lejos para alcanzarla.

-¿Por qué lo haces?

La chica continuó inmóvil y decidida a arrojarse.

-Porque los hombres son unos tarados- aseveró.

-¡Ah!- exclamé -así que todo este numerito es por un hombre.

Solté una carcajada y la chica me miró furiosa.

-¿De que te ríes imbécil? Se nota que jamás te has enamorado.

Me quedé callado.

-Apuesto que eres de esos chicos que sueñan con chicas como yo.

Me sentí ofendido y di unos pasos hacía atrás. Por mí que se aviente pensé

-Claro que no. Odio a las niñas pendejitas como tú. Prefiero estar con mis amigos y disfrutar de la vida. Te ves tan patética colgando de un puente y llorando por un tipo que seguramente está con otra pendejita como tú.

-Ja. Seguramente eres maricón.

Sus palabras doblaron mi ego y yo mismo quise arrojarla para que se callara, pero no me atreví.

-Y a todo esto, ¿que estás esperando?- dije retándola a saltar.

-Quiero estar sola. ¡Vete!, me interrumpes.

-Ya no lo haré, me has involucrado- manifesté mientras me acercaba poco a poco a la joven. Mi corazón comenzó a latir más rápido y quise salvarla.

La chica se dio cuenta de mi intención.

-Si estás tratando de salvarme no lo lograrás. Si te acercas saltaré y todos creerán que tú me arrojaste. Terminarás en la cárcel.

Me asusté y estuve a punto de salir huyendo, pero preferí correr el riesgo. De todas maneras no tenía nada mejor que hacer.

-¿No has pensado en tu familia? ¿Qué dirán de ti cuando te encuentren muerta y echa puré?

La chica miró al cielo nocturno y comenzó a gimotear. Estuvo así unos segundos y después dio media vuelta agarrándose del tubo. Luego me miró sonriendo.

-Tienes razón. No vale la pena morir por un chico. ¿Me ayudas?

El alivio invadió mi ser y hasta creí que me la había ligado. Me acerqué para jalarla hacía donde yo estaba. Quedamos frente a frente y nuestras bocas casi estaban juntas. Suspiré y deseé que no terminara la bonita escena.

-Me dicen Mina.

Sonreí.

-Me dicen Lalo.

-Gracias Lalo.

Mina me dio un beso en la mejilla y después me empujo. Dio media vuelta y se arrojó en silencio hacía una muerte segura.

Me levanté rapidamente sin creer lo que acababa de ocurrir. Mi corazón quería salirse de mi pecho y mi respiración se aceleró. Miré por el borde del puente y no pude ver donde había caído. Todo estaba muy oscuro. El viento frío me provocó piel de gallina.

-¡Auxilio!- grité.

Nadie me escuchó y me quedé unos minutos sollozando mientras esperaba que algo sucediera.

Pasó casi una hora desde el suicidio de Mina y me levanté para irme a casa. Al llegar mi madre notó mi tristeza y nerviosismo y preguntó qué es lo que había sucedido. Le conté lo que viví hasta el último detalle y mi madre solo se tapó la boca con la palma de su mano. Dio un paso atrás y me miró asustada. No dijo nada más.

Al día siguiente regresé al puente para ver qué había sucedido. Esperaba ver ambulancias y patrullas, con mucha gente alborotada, pero en su lugar solo hallé un tránsito normal de personas a través del puente.

Me dirigí a donde pudo haber caído Mina y vi una cruz pegada en el suelo. Me aterroricé cuando leí lo que estaba escrito sobre aquella cruz.

Aquí murió

Guillermina Valencia

La chica suicida

1990-2005

Eso ocurrió hace tres años pensé.

31/10/10

Sister Ray

Desde un principio me sentía confundido. Todo resultaba muy irreal, pero mi mente decía lo contrario, todo es normal. Primero estaba en un oscuro pasillo, caminaba lentamente y de un momento a otro comenzaba a correr. Parecía jamás terminar. Y mientras esto sucedía distintos recuerdos abrumaron mi memoria. Deja’vu tras deja’vu. Pensaba en la importancia de un punto en sus distintas formas. Realmente estaba muy sorprendido y a la vez asustado por el significado de un punto. Desde su uso en una regla gramatical, hasta como manera de calificación. Es inimaginable el valor del punto, hasta que punto se convirtió en una necesidad.

Luego más recuerdos, pero todo sucede de una manera muy rápida. Hay un extraño ruido que me aturde. Siento un ritmo en mis oídos. Una voz lejana se escucha a lo lejos. No puedo tomarle importancia. Inconscientemente mi pie comenzaba a moverse al ritmo de una batería. Todo sucede lento y rápidamente a la vez. Creí que esto no era posible.

Llega un momento de calma. Me siento desesperado. Quiero gritar pero no puedo. El pasillo se termina y ahora estoy en cualquier lugar. Todo es tan normal para mí. Energía fluye a través de mi cuerpo. Ya no tengo miedo, me siento invencible. Una fuerte alarma me altera. Mi pie sigue moviéndose al ritmo de la batería. Y ahí, estando en medio de la nada siento que algo debo hacer. Esa sensación de estar incompleto llega a mí y no me queda más que angustiarme un poco más. Colores de distintas formas me confunden. Puedo controlar lo que se encuentra a mí alrededor. Es muy sencillo controlar la nada. Ruido distorsionado me atormenta. ¡Quiero más!

Aumenta la velocidad. Todo el entorno cambia rápidamente. Ya no es lo mismo. El ritmo es más difícil de seguir, pero a la vez se alenta y nuevamente se recupera. Estoy consciente de mi inconciencia. No puedo comprender lo que me sucede, pero lo disfruto. No es nada igual a lo que me ha pasado en los últimos días. Los latidos de mi corazón se vuelven muy veloces. Comienzo a chasquear mis dientes. Mi pie sigue moviéndose cada vez más rápido. Siento un calor intenso. ¿Qué está pasando? Esto me asusta, necesito recobrar la conciencia. Esto ya no es normal.

Todo se vuelve lento y los sonidos comienzan a desaparecer. El silencio invade el lugar y con ello mi tranquilidad regresa. Me siento relajado y por fin podré resolver éste misterio. ¿Cómo es que llegué a este lugar?

Piensa… piensa… piensa…

Abro los ojos y todo está oscuro. Ya no hay más ruido. Solo un silencio que me pone nervioso. Poco a poco comprendo la situación. El ritmo en mis oídos, la voz lejana, la distorsión y ese abrumante sonido de la batería no era más que sólo Sister Ray de Velvet Underground sonando en las bocinas de mi estéreo. Comenzaba a dormir cuando de una extraña manera alguien dio play al aparato y dejó salir el sonido de una banda experimental.

La mezcla de un sueño con una banda de rock provoca un estado de alteración en la conciencia. Este es un mensaje para Lou Reed y compañía: han jodido mi descanso.

Ahora solo me queda volver a conciliar el sueño y olvidar que vivo en una realidad diferente a la que sufrí durante Sister Ray.