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-¿Todavía estás enojado?Cuando me formularon esa pregunta me sentí peor. Pareciera que el enojo es un estado que dura una hora y después puedes seguir tu camino.
A mí no me sucede. Estoy enojado y a nadie le importa. Hay oscuridad y luego he utilizado mucho la palabra egoísmo.
He pedido perdón porque quiero cambiar y nadie me escucha. En tiempos como estos el perdón ya no tiene un valor. El rencor es la moda que atormenta a cada uno de los individuos.
Hoy llegué cansadísimo y lo único que quería era dormir. Aventé mis cosas, me quité la ropa y me metí a la cama. Cerré los ojos y pensé en las preocupaciones; así me quedé dormido y soñé el mundo en estado de consumación. Desperté exaltado y con un ligero dolor de cabeza. Me levanté descansado y con un poco de ánimo. Es la tarde del mismo día y aún falta por terminar.
La red te atrapa y no te deja ir. Es la ventana a la información informal y al atestiguamento de un mundo el cual gira tan rápido que no se debe perder ni un instante. Soy un testigo que observa desde atrás de una ventana y nadie me ve. Nadie me escucha ni tienen la menor idea de que estoy ahí. Sólo tienen que voltear.
Los años no pasan porque sí nada más. Se forja un carácter y se (in)madura. Yo estoy ahí para ustedes en un sentido distinto al que están acostumbrados a tener. Si llegan a comprender ésto sabrán que al final bien vale mucho la pena. Es un gran postre irresistible de dejar pasar. Es algo nuevo, pero también algo distinto e interesante.
Fallar es una palabra que me persigue y no es para mí; es para ustedes. Y la ventaja es que se puede intentar cuantas veces quieran, pero el camino fácil es el más cómodo y también el más corto. No se puede ver lo que hay al pasar el arroyo.
Los círculos se asemejan mucho a un tablero de ajedréz, donde constantemente se mueven las piezas y la perspectiva cambia. Ayer los caballos eran mi mejor estrategia, hoy el rey peligra y mañana puedo ser salvado por un peón. Todo está en la estrategia y en las ganas de ganar.
-¿Todavía estás enojado?
Notese que todo es un ciclo que termina y vuelve a comenzar.
Hoy lo estoy, mañana también, pasado mañana quiero estár muerto. Quiero ver mi cuerpo en un ataúd y que casi no haya flores. Quiero estár parado frente a mí en un estado lúgubre. Aguantar las lágrimas que siempre están al borde de derrocharse y mantener la postura. Desearme un feliz viaje y desaparecer de este mundo material. Sí, es lo que me falta. Unas largas vacaciones para extrañar la soledad. De eso trata y eso me gusta mucho: en el fondo todos y cada uno de nosotros sabemos muy bien que estamos solos. En el final no habrá nadie más, solo cada uno de nosotros y eso es muy perverso para mí.
De mientras aprecio sus sinceras palabras, su odio y su amor. Su incomprensión y su burla. Después no se sabe lo que sigue, quizá algo mejor para satisfacción de ustedes. Únicamente por el día de hoy recordaré aquél sincero abrazo que recibí acompañado de unas palabras que casi siempre son de dientes para afuera, pero esta vez no lo sentí así: "Cuidate mucho, nos vemos mañana."
En el momento que escuché esta frase casí me echo a llorar.
-¿Todavía estás enojado?
-Contigo no estoy enojado- respondí.
A mí no me sucede. Estoy enojado y a nadie le importa. Hay oscuridad y luego he utilizado mucho la palabra egoísmo.
He pedido perdón porque quiero cambiar y nadie me escucha. En tiempos como estos el perdón ya no tiene un valor. El rencor es la moda que atormenta a cada uno de los individuos.
Hoy llegué cansadísimo y lo único que quería era dormir. Aventé mis cosas, me quité la ropa y me metí a la cama. Cerré los ojos y pensé en las preocupaciones; así me quedé dormido y soñé el mundo en estado de consumación. Desperté exaltado y con un ligero dolor de cabeza. Me levanté descansado y con un poco de ánimo. Es la tarde del mismo día y aún falta por terminar.
La red te atrapa y no te deja ir. Es la ventana a la información informal y al atestiguamento de un mundo el cual gira tan rápido que no se debe perder ni un instante. Soy un testigo que observa desde atrás de una ventana y nadie me ve. Nadie me escucha ni tienen la menor idea de que estoy ahí. Sólo tienen que voltear.
Los años no pasan porque sí nada más. Se forja un carácter y se (in)madura. Yo estoy ahí para ustedes en un sentido distinto al que están acostumbrados a tener. Si llegan a comprender ésto sabrán que al final bien vale mucho la pena. Es un gran postre irresistible de dejar pasar. Es algo nuevo, pero también algo distinto e interesante.
Fallar es una palabra que me persigue y no es para mí; es para ustedes. Y la ventaja es que se puede intentar cuantas veces quieran, pero el camino fácil es el más cómodo y también el más corto. No se puede ver lo que hay al pasar el arroyo.
Los círculos se asemejan mucho a un tablero de ajedréz, donde constantemente se mueven las piezas y la perspectiva cambia. Ayer los caballos eran mi mejor estrategia, hoy el rey peligra y mañana puedo ser salvado por un peón. Todo está en la estrategia y en las ganas de ganar.
-¿Todavía estás enojado?
Notese que todo es un ciclo que termina y vuelve a comenzar.
Hoy lo estoy, mañana también, pasado mañana quiero estár muerto. Quiero ver mi cuerpo en un ataúd y que casi no haya flores. Quiero estár parado frente a mí en un estado lúgubre. Aguantar las lágrimas que siempre están al borde de derrocharse y mantener la postura. Desearme un feliz viaje y desaparecer de este mundo material. Sí, es lo que me falta. Unas largas vacaciones para extrañar la soledad. De eso trata y eso me gusta mucho: en el fondo todos y cada uno de nosotros sabemos muy bien que estamos solos. En el final no habrá nadie más, solo cada uno de nosotros y eso es muy perverso para mí.
De mientras aprecio sus sinceras palabras, su odio y su amor. Su incomprensión y su burla. Después no se sabe lo que sigue, quizá algo mejor para satisfacción de ustedes. Únicamente por el día de hoy recordaré aquél sincero abrazo que recibí acompañado de unas palabras que casi siempre son de dientes para afuera, pero esta vez no lo sentí así: "Cuidate mucho, nos vemos mañana."
En el momento que escuché esta frase casí me echo a llorar.
-¿Todavía estás enojado?
-Contigo no estoy enojado- respondí.










