06/04/10

Técnica mixta sobre cartulina

Llegó al lugar y se encontró a la primera persona.
-Que pedo cabrón. Oye no mames, la otra vez vino tu ex-vieja... ¡ufa! Se puso más chichona y más nalgona. Respondeme algo, ¿te la cojiste?
El joven dio media vuelta y siguió su camino. ¡No mames!
Después cruzó la habitación y había una exposición de Freideberg. Una pintura, arquitectura, arte surrealista. Un letrero en un costado que rezaba lo siguiente: Cuando no podemos tener lo que amamos debemos amar lo que tenemos.
Razones sobran.
Chingaderas, mamadas, puterias, joterias y todo ese extenso, amable, bonito, impresionante vocabulario. Rico el idioma, rica la lengua.
Tenga cuidado que el aguila está mirando.

El joven continuó su camino, cruzó la puerta y se encontró en el desierto de los colores. Había tiendas y tiendas a lo largo, con vestidos y estropajos... había incienso de todos los sabores y tatuajes de cualquier olor. No hay cazadores, no se necesitan. Aquí cada quien vela por su camino y no hay más. Aquí Dios padre omnipotente, todo honor y toda gloria... por los siglos de los siglos. Amén.
Pueden sentarse. Razones faltan.

Y el camino sigue y el joven expresa: pinche felicidad, es una reverenda mamada. (pero la extraña)

Envidia, coraje y odio. Casi lo mismo pero no es igual. La tríada. ¡Pinches vatos!

Sí sale... a huevo que sí sale.