
Una vez desperté y vi un mosco en mi pared. Se veía panzona y satisfecha. Miré mi espalda y el maldito insecto bebió de mí. Sin reacción civiizada, mi mano se abalanzó y de un manotazo su vida se esfumó. Una mancha de sangre, recuerdo de la batalla, dibujada en la pared, todos los días la veía para recordar quien tiene el poder.
Ahora a punto de dormir, un zumbido en mis oídos, miro un nuevo insecto y me doy cuenta que estoy en un lío. Buenas noches, mosco mío, buen provecho te bendigo, que sea esta noche, la última, que mueras, pero que no tengas el estómago vacío.
Ahora a punto de dormir, un zumbido en mis oídos, miro un nuevo insecto y me doy cuenta que estoy en un lío. Buenas noches, mosco mío, buen provecho te bendigo, que sea esta noche, la última, que mueras, pero que no tengas el estómago vacío.


