
En la madrugada después de unos tragos coquetos con un par de amigos llegué a mi casa sin oficio ni beneficio para dormir tranquilamente. Al momento de entrar al mundo de los sueños me encontraba en un transporte público denominado microbus junto con mi madre a un destino desconocido. Estábamos sentados casi en la parte de adelante y el resto de los pasajeros se hallaban dispersos en otros asientos.
Todo iba bien cuándo en un momento un sujeto curpulento se para de la parte trasera del camión y se dirige a la entrada. Otro sujeto que estaba sentado adelante de nosotros le hace un par de señas y ahí es cuando caígo en la cuenta de que nos van a asaltar. Quise levantarme y llevarme a mi mamá para salir por la parte de atrás pero el sujeto sentado delante de mí saca una navaja y me coloca en el cuello.
-¿A donde vas cabrón?
Al sentir el frío acero tocando mi piel me quedé inmovil y mostré mis manos para hacerle entender que no planeaba nada más. Pensamientos cruzaron en mi cabeza sobre los objetos de valor en mí y de alguna forma sabía que en mi cartera tenía unos cuantos pesos y mis credenciales. En la bolsa derecha del pantalón llevaba un celular que uso desde hace casi 2 años y la verdad no me molestaría perderlo por algo tan absurdo como un asalto. No llevaba mochila.
El tipo que se había levantado les gritó la clásica frase de que ésto era un asalto y que sacaran sus pertenencias de valor. Vi que todos comenzaron a obedecer revisando sus bolsos o sus carteras incluida mi madre. Yo estaba con el filo en mi cuello y no me quería mover. Entonces el tipo retiró su navaja y se la guardó. Se llevó la mano a su espalda y sacó una pistola colocándomela en la sien derecha.
-Con que te querías escapar ¿no?
Yo seguí inmóvil y mi madre comenzó a gritar y tratar de defenderme. Yo le grité que se calmara, que todo iba a estar bien. Entonces se calmó y yo seguí estático. El sujeto que me apuntaba solo se me quedaba mirando y yo esperaba nada más que jalara el gatillo. Por dentro estaba muerto de miedo pero muy de fuera me mostré tranquilo como lo he sabido hacer hasta el momento. Pensé que quizá ya era mi hora de partir y no me arrepentía de nada en mi vida. Quisé ver al que podría ser mi asesino y lo miré directamente a los ojos. Esperaba que supiera que estaba ante otro hombre que había vivido la vida y que lo iba a matar por unos cuántos pesos. El que me apuntaba me miró unos segundos y luego desvió su mirada vascilando. Seguí buscando sus ojos y el los evadía. El otro sujeto terminó de robar a los oros pasajeros y luego le indicó a mi posible asesino que ya estaba todo listo. Retiró la pistola y se la guardó. Dieron un último vistazo a todos y bajaron del microbus para perderse por las calles.
Abracé a mi madre muy preocupado y con un miedo terrible y ella estaba llorando. Me pedía perdón por haberles entregado una gran cantidad de dinero que traía y yo le dije que todo estaba bien, que no importaba. Yo pensaba que iba a morir y en ese momento ni en cuenta mi celular o los pocos pesos que traían valían para mi. Los sueños son solo sueños y eso es todo.
Todo iba bien cuándo en un momento un sujeto curpulento se para de la parte trasera del camión y se dirige a la entrada. Otro sujeto que estaba sentado adelante de nosotros le hace un par de señas y ahí es cuando caígo en la cuenta de que nos van a asaltar. Quise levantarme y llevarme a mi mamá para salir por la parte de atrás pero el sujeto sentado delante de mí saca una navaja y me coloca en el cuello.
-¿A donde vas cabrón?
Al sentir el frío acero tocando mi piel me quedé inmovil y mostré mis manos para hacerle entender que no planeaba nada más. Pensamientos cruzaron en mi cabeza sobre los objetos de valor en mí y de alguna forma sabía que en mi cartera tenía unos cuantos pesos y mis credenciales. En la bolsa derecha del pantalón llevaba un celular que uso desde hace casi 2 años y la verdad no me molestaría perderlo por algo tan absurdo como un asalto. No llevaba mochila.
El tipo que se había levantado les gritó la clásica frase de que ésto era un asalto y que sacaran sus pertenencias de valor. Vi que todos comenzaron a obedecer revisando sus bolsos o sus carteras incluida mi madre. Yo estaba con el filo en mi cuello y no me quería mover. Entonces el tipo retiró su navaja y se la guardó. Se llevó la mano a su espalda y sacó una pistola colocándomela en la sien derecha.
-Con que te querías escapar ¿no?
Yo seguí inmóvil y mi madre comenzó a gritar y tratar de defenderme. Yo le grité que se calmara, que todo iba a estar bien. Entonces se calmó y yo seguí estático. El sujeto que me apuntaba solo se me quedaba mirando y yo esperaba nada más que jalara el gatillo. Por dentro estaba muerto de miedo pero muy de fuera me mostré tranquilo como lo he sabido hacer hasta el momento. Pensé que quizá ya era mi hora de partir y no me arrepentía de nada en mi vida. Quisé ver al que podría ser mi asesino y lo miré directamente a los ojos. Esperaba que supiera que estaba ante otro hombre que había vivido la vida y que lo iba a matar por unos cuántos pesos. El que me apuntaba me miró unos segundos y luego desvió su mirada vascilando. Seguí buscando sus ojos y el los evadía. El otro sujeto terminó de robar a los oros pasajeros y luego le indicó a mi posible asesino que ya estaba todo listo. Retiró la pistola y se la guardó. Dieron un último vistazo a todos y bajaron del microbus para perderse por las calles.
Abracé a mi madre muy preocupado y con un miedo terrible y ella estaba llorando. Me pedía perdón por haberles entregado una gran cantidad de dinero que traía y yo le dije que todo estaba bien, que no importaba. Yo pensaba que iba a morir y en ese momento ni en cuenta mi celular o los pocos pesos que traían valían para mi. Los sueños son solo sueños y eso es todo.



1 comentarios:
No puedo creer que no tenga comentarios este post. Está genial el post. :P
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