Se hacía tarde para ir a casa y aún faltaban unas cuántas calles para llegar. En la oscuridad me da más miedo que me asalten y por eso miro para todos lados. Fue ahí que me distraje por un momento y vi una sombra que estaba en la orilla de un puente. Me detuve y comencé a caminar hacía ese lugar.Al estar a pocos metros vi que la silueta de una joven chica que lloriqueaba. Vestía unos converse muy sucios y un pantalón entubado; una blusa a rayas negras y rosas y todo su cabello le tapaba el rostro. Me acerqué sin hacer ruido y la escena me pareció interesante.
La chica parecía estar maldiciendo algo entre dientes y se sostenía fuertemente del barandal del puente. Miraba hacía abajo, en donde unos ocho metros separaban su frágil figura de una trágica pero también graciosa y cuestionable muerte.
Estuve observándola ahí largo rato hasta que pensé en retirarme e irme a mi casa a escuchar mis discos de David Bowie y Queen, pero la chica pensó en la estupidez más grande y se alzó sobre el barandal para saltar.
Solté un pequeño grito de exclamación (admito que me asusté). La chica volteó a verme con una lágrima que se deslizaba por su mejilla y nuevamente miró al vacío.
-Vete. Interrumpes mi suicidio- dijo con voz entrecortada.
¡Bien! Una virgen suicida como en la peli de Sofia Coppola pensé.
-¿Te cae que te vas a suicidar?- pregunté burlonamente.
-¡Ash!- exclamó la chica al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
Quedamos en silencio durante un breve instante. Decidí romper esa incomodidad y di unos pasos hacía ella. Aún estaba un poco lejos para alcanzarla.
-¿Por qué lo haces?
La chica continuó inmóvil y decidida a arrojarse.
-Porque los hombres son unos tarados- aseveró.
-¡Ah!- exclamé -así que todo este numerito es por un hombre.
Solté una carcajada y la chica me miró furiosa.
-¿De que te ríes imbécil? Se nota que jamás te has enamorado.
Me quedé callado.
-Apuesto que eres de esos chicos que sueñan con chicas como yo.
Me sentí ofendido y di unos pasos hacía atrás. Por mí que se aviente pensé
-Claro que no. Odio a las niñas pendejitas como tú. Prefiero estar con mis amigos y disfrutar de la vida. Te ves tan patética colgando de un puente y llorando por un tipo que seguramente está con otra pendejita como tú.
-Ja. Seguramente eres maricón.
Sus palabras doblaron mi ego y yo mismo quise arrojarla para que se callara, pero no me atreví.
-Y a todo esto, ¿que estás esperando?- dije retándola a saltar.
-Quiero estar sola. ¡Vete!, me interrumpes.
-Ya no lo haré, me has involucrado- manifesté mientras me acercaba poco a poco a la joven. Mi corazón comenzó a latir más rápido y quise salvarla.
La chica se dio cuenta de mi intención.
-Si estás tratando de salvarme no lo lograrás. Si te acercas saltaré y todos creerán que tú me arrojaste. Terminarás en la cárcel.
Me asusté y estuve a punto de salir huyendo, pero preferí correr el riesgo. De todas maneras no tenía nada mejor que hacer.
-¿No has pensado en tu familia? ¿Qué dirán de ti cuando te encuentren muerta y echa puré?
La chica miró al cielo nocturno y comenzó a gimotear. Estuvo así unos segundos y después dio media vuelta agarrándose del tubo. Luego me miró sonriendo.
-Tienes razón. No vale la pena morir por un chico. ¿Me ayudas?
El alivio invadió mi ser y hasta creí que me la había ligado. Me acerqué para jalarla hacía donde yo estaba. Quedamos frente a frente y nuestras bocas casi estaban juntas. Suspiré y deseé que no terminara la bonita escena.
-Me dicen Mina.
Sonreí.
-Me dicen Lalo.
-Gracias Lalo.
Mina me dio un beso en la mejilla y después me empujo. Dio media vuelta y se arrojó en silencio hacía una muerte segura.
Me levanté rapidamente sin creer lo que acababa de ocurrir. Mi corazón quería salirse de mi pecho y mi respiración se aceleró. Miré por el borde del puente y no pude ver donde había caído. Todo estaba muy oscuro. El viento frío me provocó piel de gallina.
-¡Auxilio!- grité.
Nadie me escuchó y me quedé unos minutos sollozando mientras esperaba que algo sucediera.
Pasó casi una hora desde el suicidio de Mina y me levanté para irme a casa. Al llegar mi madre notó mi tristeza y nerviosismo y preguntó qué es lo que había sucedido. Le conté lo que viví hasta el último detalle y mi madre solo se tapó la boca con la palma de su mano. Dio un paso atrás y me miró asustada. No dijo nada más.
Al día siguiente regresé al puente para ver qué había sucedido. Esperaba ver ambulancias y patrullas, con mucha gente alborotada, pero en su lugar solo hallé un tránsito normal de personas a través del puente.
Me dirigí a donde pudo haber caído Mina y vi una cruz pegada en el suelo. Me aterroricé cuando leí lo que estaba escrito sobre aquella cruz.
Aquí murió
Guillermina Valencia
La chica suicida
1990-2005
Eso ocurrió hace tres años pensé.



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